Archive for 20 mayo 2011

La revolución española (#spanishrevolution)

mayo 20, 2011

Ya lo sé, en la entradilla de este blog no viene nada de “política” pero como hice hace ya casi dos años al hablar de las elecciones europeas vengo a desahogarme al mundo virtual para quien quiera recoger este grito.

Y es que es inevitable no comentar lo que está sucediendo en el nuestro país. Soy el primero que siempre se ha quejado de que los jóvenes españoles nunca nos movemos excepto por el fútbol y el botellón, de que vivimos en un país de borregos, de que desde arriba se nos chulea y tragamos, tragamos y tragamos. Porque esto es España y estamos acostumbrados a hacerlo. Pero por fin parece que su juego está terminando. Concentraciones espontáneas a lo largo de España de jóvenes y no tan jóvenes indignados, hartos de haber aguantado engaños, políticos corruptos y prácticas corruptas, medios de comunicación manipuladores, una trayectoria económica penosa y en definitiva, un país devastado. Devastado por aquellos que nos venden sus buenas intenciones por un lado y por otro buscan el beneficio propio y sí, sé que está muy mal generalizar y no debería hacerlo, pero en general es la visión que tenemos la mayoría de los españoles sobre la clase política, y es que se lo han ganado a pulso.

#nolesvotes

#nolesvotes

La verdad es que podría extenderme muchísimo, me gustaría comentar como creo que todo esto surge de una semilla que se plantó hace tiempo, como las revelaciones de WikiLeaks han despertado a la gente y como aquel chaval que se quemaba a lo bonzo en El Cairo Túnez iniciaba una revolución que incendiaría el mundo.

Reconozco que me encantaría estar allí, en Sol o en la Plaza del Pilar, unido a todos aquellos que ya se han cansado de aguantar y han salido a la calle a protestar; aquí me uniré a las que han congregado pero de momento ya he aportado mi granito de arena. Ya he votado, y por supuesto, a ninguno de ellos, ¡¡ #nolesvotes !!

Viaje a Belgrado

mayo 17, 2011

Desgraciadamente este año no puedo viajar tanto como me gustaría y es que ni las infraestructuras son óptimas ni las opciones baratas… de todos modos aprovecho para moverme por “la zona” y esta vez tocaba visitar a Pablito, mi compañero de Belgrado.

Viernes 30
Aunque existen varias opciones de ir a la capital Serbia, optamos por la manera más rápida y barata. Salimos del trabajo y casi directamente fuimos al aeropuerto, donde aprovechamos a comer algo. A las 17:30 despegábamos y a las 18:20 ya estábamos aterrizando en Timisoara.

Pablito se había encargado de reservarnos un taxi con la agencia GEA Tours, que por 20 euros por pasajero cubriría los ciento y pico kilómetros restantes. El taxista, un serbio muy simpático, nos recogió en el mismo aeropuerto y nos dijo que viajaríamos solos, así que ahí estábamos, Pablo (el de aquí) y yo, en un autobús-taxi de unos 30 años atravesando carreteras un tanto descuidadas y sufriendo la ya sufrida suspensión del coche que amortiguaba los baches que encontrábamos por el camino.

Sabre las 21:30, ¡gracias cambio horario!, llegábamos a un Belgrado oscuro pero iluminado por las carentes farolas de aquí. Nos encontramos con Javi (comex de allí) y Pablito se encargó de recibirnos como acostumbra a sus invitados (o eso nos dijo), una sonrisa de oreja a oreja y un vasito del licor típico del país, no ayudó a asentar el movido estómago, pero tampoco lo removió. También nos recibió Elena, con otra sonrisa pero sin vasitos (¡menos mal!), dejamos todo, nos adecentamos un poco y fuimos a pasar la noche al casino.

Victoriosos saliendo del casino

¡Somos ricos!

No, no. No me he vuelto adicto al juego pero nos dijeron que allí también era un plan bastante apetecible donde pasar una noche tranquila, así que allí fuimos. Cenamos por un módico precio (aquí en Bucarest sale gratis), jugamos, bebimos y algunos ganamos. La diosa Fortuna quiso estar de mi lado aquella noche y en el BlackJack era imposible perder (más de veinte manos sin perder ni una de ellas), ¡hasta cometí el error de “romper” dos cuatros”… para ganar! Tan impresionante como la velocidad de la crupier al manejar las cartas, nunca habíamos visto nada igual…

Del casino fuimos a casa donde continuamos jugando a las cartas, esta vez algo más español, y a muy altas horas de la noche decidimos acostarnos.

Sábado 1

Paseando por Belgrado

Paseando por Belgrado

Dormimos muy poco, unas dos o tres horas. Nos hubiese gustado quedarnos remoloneando en la cama pero no se puede ir a una ciudad nueva y perder el tiempo durmiendo así que Pablito vino a despertarnos, desayunamos rápido y nos duchamos para luego ir hacia el centro y darnos un paseo.

Comimos en el Supermarket, un sitio extraño, tienda y restaurante a la vez, pero que me gustó bastante. Después salimos de paseo al parque, una de las pocas cosas que hay que ver por allí, donde nos creímos soldados en plena guerra montándonos sobre tanques, antiaéreos y torpedos.

Torpedo en el parque de Belgrado

¡4 torpedos!

Risk your life

¡Lo sabemos!

Volvimos a casa a descansar, dormimos un poco y nos preparamos para la cena. Comimos en un restaurante típico serbio, no recuerdo el nombre pero podré decir que es donde he comido el mejor steak tartar de mi vida. Era de caballo y no era el típico de carne picada si no algo así como batida, increíble, deleitante, apasionante… y perfecto como previo al chuletón de caballo que vendría después. De postre, algo típico de la zona, demasiado empalagoso para mi gusto y que ni el orujo infernal aquel pudo rebajar…

Fuimos a un bar llamado Tijuana y localizado en alguna de las plantas de un edificio normal. Bebimos algo llamado “joder” y que, efectivamente, hacía honor al nombre; no sé si por la expresión que clamabas al bebértelo o por la acción que producía en tu organismo, el caso, que aunque nos dejo bastante afectados no consiguió mermar nuestras ansias de descubrir la noche serbia así que de ahí fuimos al Plastic donde la noche se desvirtuó demasiado. Chicas demasiado despampanantes para unos ojos no acostumbrados, luces de colores, música un tanto sicodélica y unas cuantas cervezas dieron como resultado alguna que otra pérdida de la noción espacio-temporal. Tras casi una hora de desesperada búsqueda conseguimos hallarla para arrastrarnos a casa en un taxi que dudó en coger a semejantes elementos…

En el Plastic de Belgrado

Éramos 4, luego 3

Domingo 2
Aunque parecía que no, la noche anterior habíamos llegado a casa en bastante peor estado del que creíamos llevar así que dormimos hasta bien entrada la tarde. Sobre las 17 o así abrimos los ojos para encontrarnos un día gris y lluvioso que quitaron las pocas ganas que quedaban para hacer algo.

Pablito, hizo de buen anfitrión y nos arrastró hasta un puesto de comida donde probamos algo típico del país. Una especie de hamburguesa enorme, con muchos condimentos y algo picante aportó las fuerzas necesarias para poder ir a visitar lo poco que nos faltaba, la iglesia de San Marco.

Saltando en San Marco

Saltando en San Marco

Volvimos a casa, pasamos la tarde jugando a las cartas y como la noche se planteaba un tanto indecisa decidimos recurrir al seguro, lo que nunca falla. El casino. Y ahí fallé. Si el viernes era incapaz de perder una mano, el domingo era incapaz de ganar una, así que la diversión se acabó antes de lo esperado por lo menos en cuanto al juego se refería, pero la cena y la compañía eran más que suficiente…

Lunes 3
Tampoco madrugamos mucho, no quedaba casi nada que ver así que con la calma nos fuimos levantando, duchando y preparando las mochilas para la vuelta.

Volviendo a casa

Volviendo a casa

Paseamos por el centro de Belgrado y vimos las casas destruidas por la guerra. Comimos en un restaurante cerca de la estación, creímos perder el tren pero afortunadamente estábamos equivocados en la hora para bien. Tomamos un café y nos metimos en el compartimento con camas del tren que tardaría 13 horas en devolvernos a la realidad bucarestina…