¡Adios, 2015!

Como siempre, y pese a haber dejado de escribir en este blog (ya no prometo a nadie, ni siquiera a mí mismo, que es algo que retomaré) me gusta recopilar el año en unas cuantas líneas que me hacen ver todo con cierta perspectiva y, de cara al futuro, intentar mejorar.

Al inicio del año pasado me quejaba del que el 2014 había sido un año donde me había convertido en todo aquello de lo que no me sentía orgulloso y decidía poner fin a todo aquello que no me gustaba. Me había dado cuenta y, poco a poco, muy poco a poco, iba orientando el timón del barco que había estado a punto de zozobrar. Me critiqué por haber hecho cosas que no debería y me critiqué más por no hacer aquellas que debería haber hecho…

Empecé el año con fuerzas, como cuando tocas fondo y consigues impulsarte para salir hacia arriba. Pero ese impulso inicial suele durar poco y es importante seguir empujando hacia arriba; hubo días en los cuales se me olvidó empujar y en ese punto muerto soy incapaz de recordar si me hundía o seguía hacia arriba. Daba igual, solo hacía falta recordar esa motivación inicial, ese impulso para despejar la mente y seguir, hacia arriba, siempre hacia arriba. Por esos impulsos, un día a medidados de julio decidí presentar mi dimisión en el trabajo que ya me quemaba y no me aportaba prácticamente nada. Me prometí tiempo a mí mismo y hacer todo aquello que había estado posponiendo… Encontré otro trabajo que empezaría esta semana primera del año, y sentía como esa ilusión volví a invadirme. Viajé como me había prometido, solo y sin plan, para demostrarme que soy capaz de vencer los miedos, de dar ese salto para cruzar ese vacío que crees insuperable. Disfruté haciéndolo y me prometí repetir. Me despedí de gente con la cual ya nada volvería a ser como antes. Acepté que la vida son etapas y aunque las etapas buenas del pasado se miran desde el presente con cierta melancolía,  me di cuenta de que se pueden seguir escribiendo buenas etapas que seguro, con el tiempo, se volverán a recordar como maravillosas. Acepté hechos que debería haber aceptado hacía tiempo y que quizás me bloqueaban. Viví como amigos traían al mundo nuevas criaturas con las que se me caían la baba. Vi a otros amigos prometerse amor enterno. Abracé. Amé. Besé. Disfruté del camino.

2016

… y que vuestros sueños se hagan realidad.

Como comenté en alguna de estas entradas en el pasado ya no me marco hitos para el nuevo año. Me prometo disfrutar del camino, recordando como es sentir los pies tocando fondo y esa maravillosa sensación cuando dejan de hacerlo porque se separan del fondo: hacia arriba, siempre hacia arriba. ¡Bienvenido, 2016!

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