¡Adios, 2015!

enero 10, 2016
Como siempre, y pese a haber dejado de escribir en este blog (ya no prometo a nadie, ni siquiera a mí mismo, que es algo que retomaré) me gusta recopilar el año en unas cuantas líneas que me hacen ver todo con cierta perspectiva y, de cara al futuro, intentar mejorar.

Al inicio del año pasado me quejaba del que el 2014 había sido un año donde me había convertido en todo aquello de lo que no me sentía orgulloso y decidía poner fin a todo aquello que no me gustaba. Me había dado cuenta y, poco a poco, muy poco a poco, iba orientando el timón del barco que había estado a punto de zozobrar. Me critiqué por haber hecho cosas que no debería y me critiqué más por no hacer aquellas que debería haber hecho…

Empecé el año con fuerzas, como cuando tocas fondo y consigues impulsarte para salir hacia arriba. Pero ese impulso inicial suele durar poco y es importante seguir empujando hacia arriba; hubo días en los cuales se me olvidó empujar y en ese punto muerto soy incapaz de recordar si me hundía o seguía hacia arriba. Daba igual, solo hacía falta recordar esa motivación inicial, ese impulso para despejar la mente y seguir, hacia arriba, siempre hacia arriba. Por esos impulsos, un día a medidados de julio decidí presentar mi dimisión en el trabajo que ya me quemaba y no me aportaba prácticamente nada. Me prometí tiempo a mí mismo y hacer todo aquello que había estado posponiendo… Encontré otro trabajo que empezaría esta semana primera del año, y sentía como esa ilusión volví a invadirme. Viajé como me había prometido, solo y sin plan, para demostrarme que soy capaz de vencer los miedos, de dar ese salto para cruzar ese vacío que crees insuperable. Disfruté haciéndolo y me prometí repetir. Me despedí de gente con la cual ya nada volvería a ser como antes. Acepté que la vida son etapas y aunque las etapas buenas del pasado se miran desde el presente con cierta melancolía,  me di cuenta de que se pueden seguir escribiendo buenas etapas que seguro, con el tiempo, se volverán a recordar como maravillosas. Acepté hechos que debería haber aceptado hacía tiempo y que quizás me bloqueaban. Viví como amigos traían al mundo nuevas criaturas con las que se me caían la baba. Vi a otros amigos prometerse amor enterno. Abracé. Amé. Besé. Disfruté del camino.

2016

… y que vuestros sueños se hagan realidad.

Como comenté en alguna de estas entradas en el pasado ya no me marco hitos para el nuevo año. Me prometo disfrutar del camino, recordando como es sentir los pies tocando fondo y esa maravillosa sensación cuando dejan de hacerlo porque se separan del fondo: hacia arriba, siempre hacia arriba. ¡Bienvenido, 2016!

¡Hasta siempre!

agosto 2, 2015

Ya, ya sé que hace muchísimo tiempo que no escribo pero creo que no hay mejor excusa para volver a desoxidar mis dedos y poner mis pensamientos en orden que honrarle con una despedida a aquella que fue mi apoyo en esta caótica y desenfrenada ciudad donde muchos llegan y más se van.

Fue ella la que me acogió hace tres años, casi sin conocerme y durante aquel fin de semana que se convirtió en casi un  mes. La que me enseñó el sitio adonde llevaría a mi primera cita en caso de que la hubiese tenido. La que durante aquellas primeras semanas se empeñaba en incluirme en su círculo de amigos llevándome a fiestas donde yo no conocía a nadie. La que me dijo que me podía quedar todo el tiempo que hiciese falta porque sabía que aquí los comienzos no son nada fáciles…

Pero de eso hace ya mucho tiempo; pasó de ser una casi desconocida a ser mi apoyo incondicional, mi vía de escape cuando necesitaba huir de mi mismo, de mis otros yoes o de aquellos conocidos que me resultaban extraños. La que escuchaba mis desvaríos sobre profesoras de francés, sobre los mensajes de teléfono nunca respondidos porque yo no era correspondido pese a intentarlo con todas mis fuerzas, sobre citas que no eran citas y que, al final, acabarían convirtiéndose en lo augurado… La que me ofrecía edulcoradas tardes de películas; películas que podían pasar a segundo plano o posponerse porque había otros temas más importantes que tratar sobre órganos de tamaños ínfimos, sobre imbéciles, sobre coronas, sobre escritores que me odiaban pero que se convertían en sus mejores amigos, sobre políticos cuyos cuerpos valían más que sus palabras y sobre otros muchos temas, banales y no tan banales. La que me ofrecía viajes en bicicleta por regiones poco desconocidas de este trillado país. La que me invitaba a eventos y círculos donde mi desconocimiento sobre ciertos temas se hacía latente y, pese a ella, seguía invitándome. Por todo eso, y mucho más, pasó de ser una casi desconocida a ser una amiga, una muy buena amiga, algo difícil de encontrar en esta ciudad que acoge tantos conocidos y tan pocos amigos.

Se habían presentado varios amagos de despedidas anteriormente y durante los cuales, poco a poco, fui aprendiendo como comportarme. Recuerdo cómo el egoísmo me invadió durante aquel primer anuncio de huída mientras tomábamos una cerveza en un café de un famoso bar de por aquí y le confesé, minutos más tarde, que si había estado raro mientras nos poníamos al día era porque estaba harto de que todos aquellos que me importaban por aquí se fuesen y para mí, el que se quedaba, no era nada fácil. La segunda, sabiendo del error cometido en la primera, supe comportarme mejor: mostré mi apoyo en todo momento y sin vacilar. El plan de huída se presentaba perfecto y no cabía otra opción que dejar de mirar atrás y lanzarse a la aventura que se avecinaba. Aun con todo, quizás no supe estar tan cerca como debía haber estado; una pequeña parte de mí todavía se daba cuenta de que perderla iba a suponer un gran cambio, posiblemente a peor, en mi condición de expatriado por estos lares. La tercera, y la definitiva, vino así, muy de repente. No entendí muy bien cómo los hechos habían resultado en semejante catástofre, esta vez sí, no había vuelta atrás… Y entonces entendí, lo vi tan claro que no pude sino ofrecer lo mejor de mí, mi apoyo incondicional y unas últimas semanas cargadas de momentos y recuerdos que llevarse. Cuando me di cuenta de que ese pilar fundamental para mí no hacía más que torcerse, deteriorarse y resquebrajarse por todos los azotes y calamidades sufridos por aquí entendí que no había otra salida sino el retorno, la huída al origen, durante todo el tiempo que fuese necesario y hasta que las heridas sanasen.

Y así es como aprendí a decir adiós porque no valía la pena estropear el momento con un hasta luego. Habrá momentos, quizás allí, quizás aquí, pero es difícil que vuelva a compartir lo compartido por esta ciudad que sabe sacar lo mejor y lo peor de cada uno. No importa, porque mereció la pena… Ahora olvida todo lo que hay que olvidar y recuerda todo lo que hay que recordar. ¡Hasta siempre!

¡Adios, 2014!

enero 1, 2015

Pereza, falta de tiempo, falta de motivación… da igual, el caso es que ya no escribo por aquí. Es un hecho. De todos modos, resumir el año en unas pocas líneas siempre viene bien para sentarse a reflexionar y, en caso necesario, cambiar ciertas cosas.

Si tuviese que resumir el 2014 en pocas palabras diría que fue el año en el que me volví un capullo, sí, sí, en el mal sentido. Crítica autodestructiva fundamentada en muchas ocaciones en las que actué como un amargado, en las que perdí ese detallismo del que me consideraba orgulloso, en las que respondí con mala cara a buenos gestos, en las que no presté la merecida atención, en las que no reí cuando debía y en las que reí cuando no debía, y así, un sinfín de ellas de las que no estoy nada orgulloso

El listado de cosas a hacer cayó en el olvido, desgana, pereza y melancolía decidieron llevarme de paseo demasiadas veces. Viajes que nunca fueron y promesas deshilachadas y caídas en sacos rotos.

Lo bueno: el darse cuenta de ello e intentar cambiarlo, poco a poco; demasiado poco a poco quizás. Las celebraciones de cumpleaños sorpresa y no tan sorpresa, los viajes, los reencuentros que demuestran que el tiempo no pasa, las excesivas bodas de los queridos y las noticias sobre futuras nuevas vidas, el darse cuenta de que hay cosas que hay que dejarlas escapar porque no merecen la pena y los retos cumplidos.

Y no haber escribir esto en 2014, como solía hacer en el pasado, ya dice algo. El 2015 no es un año de retos, es un reto en sí. De superación, de vuelta al origen, de aceptación, de lucha, de amor y pasión y de descubrimiento. En definitiva, un reto que tengo ganas de comenzar porque, a veces, marcarse una fecha de comienzo es lo único que se necesita para empezar. ¡Adelante!

¡Feliz 2015!

¡Feliz 2015!

La familia crece…

julio 8, 2014

Hace ya muchos años que el azar juntó a un grupo de jóvenes en una residencia estudiantil de un pequeño pueblo cerca de Copenhague. Algunos son (somos) incapaces de comprender qué es lo que pasó allí para que hoy, tanto tiempo después, todavía siga existiendo esa conexión tan fuerte…

Algunos tomaron una dirección y otros tomaron otra pero es curioso ver que, pese a que el tiempo pasa, seguimos siendo capaces de juntarnos un fin de semana (esta vez en Barcelona) y sentarnos alrededor de una mesa como si fuese ayer cuando compartíamos experiencias sobre nuestras vidas, estudios de última hora, cenas internacionales, risas y lloros, llegadas y despedidas, viajes, pósteres, más risas, el embutido traído de España, abrazos, vídeos muy ñoños, cumpleaños improvisados, disfraces, noches de karaoke…

En Barcelona

En Barcelona

La familia crece y ya no somos tan pocos (vienen las parejas y vienen los niños), ya no bebemos tanto y a cambio vamos a comer a sitios mejores, paseamos por la ciudad hacia adelante y no hacia atrás pero seguimos riéndonos, abrazándonos y besándonos. El cariño nos permite reirnos los unos de los otros: le pedimos a uno que le ponga crema en la carita al más nuevo sabiéndo que éste se echará a llorar y le decimos a la mayor que se case y que el niño le queda bien. Le decimos a uno que nos ponga la canción que sonaba en el móvil cada noche, al que se va a dormir que se vaya porque es demasiado bueno al juego de adivinar canciones y al que no hablaba más que de guarradas le decimos que qué bien lo ha hecho teniendo a quien tiene. Y la que falta le decimos que la echamos de menos y que nadie nos da los buenos días como ella.

La familia crece

La familia crece

Los más pequeños no saben muy bien de que va la cosa, se equivocan diciendo que eres el más guapo pero te lo crees y les robas un beso y una pulsera que nunca terminan. Los otros nuevos, que vienen a acompañar, acaban siendo uno más.

En Colón

En Colón

Y tú, que malcrees no haber cambiado, prometes que escribirás sobre éso, y aunque no te apetece mucho, cuatro meses después acabas sentándote y haciéndolo porque hay cosas que merecen ser contadas y además, sería demasiado injusto contar sólo la primera parte.

Visitando Marrakech

julio 5, 2014

Uno de los principales propósitos de este año era viajar y descubrir lugares nuevos así que, aprovechando que desde Bruselas hay bastantes vuelos baratos al país del norte de África y que llevaba mucho tiempo queriendo pisar aquello, a mediados de marzo, decidimos viajar a Marruecos.

Esta vez no hubo diario de viaje y tampoco redactaré el día a día pero quería dejar plasmada aquí la experiencia que supuso todo aquello. Además, esta vez y tras bastante tiempo, no viajaba en grupo pero sí acompañado.

Desde Bruselas hay bastantes vuelos baratos a diversos puntos de Marruecos, por horarios y conexiones decidimos que la mejor opción sería volar a Rabat un jueves y desde allí coger directamente un tren que nos llevaría a Marrakech donde nos quedaríamos hasta el domingo.

La verdad es que iba sin ningún tipo de idea preconcebida pero al pisar el aeropuerto de Rabat me sorprendí de lo nuevo y cuidado que estaba todo. Tuvimos algún que otro contratiempo con la tarjeta al no poder sacar dinero y nos asustamos creyendo que íbamos a tener que subsistir con el poco dinero en efectivo que llevábamos. Algo que iba a ser un problema porque Marruecos no es nada barato…

Puesto Marrakesh

Puesto Marrakesh

Durante los 4 días que estuvimos recorrimos la ciudad perdiéndonos por calles abarrotadas donde todo el mundo intentaba vendernos algo y algunas mucho menos transitadas. Nos alojamos en Ben Salama donde pese al contratiempo inicial (nos la clavaron en el taxi) nos acogieron muy y hasta nos invitarón a una comida el último día. No hicimos ninguna excursión al desierto (queda pendiente) pero intentamos disfrutar de las cosas típicas de allí: hamman y masaje por todo el cuerpo (primera vez en mi vida y tendré que repetir), curso de cocina tradicional, compra en mercados locales, regateos para al final no comprar nada, conciertos…

Pollito al limón

Pollito al limón

La verdad es que el viaje me dejó muy buen sabor de boca pero creo que tendré que repetir para hacer todo aquello que quedó pendiente.

Ruinas en Marrakesh

Ruinas en Marrakesh