Archive for 30 diciembre 2010

¡Adiós 2010!

diciembre 30, 2010

Podría hacer una valoración global del año analizando poco a poco todas las experiencias vividas pero lo resumiré en pocas palabras: muchas cosas terminadas y otras tantas empezadas. Ha habido años peores, y también mejores, pero la vida pasa y hay que ir asumiendo que ciertas cosas y personas no volverán y que todavía queda mucho por ver, hacer y vivir. El 2011 no será una excepción y habrá que seguir luchando para conseguir todo aquello que nos propongamos. Mis mejores deseos y que persigáis con tantas ganas vuestros sueños que, al final, dejen de serlo y pasen a convertirse en realidad. ¡Sed felices!

Feliz año nuevo 2011

¡Feliz 2011!


P.S: La postal navideña es obra de mis pinitos con GIMP y está libre de derechos.

Visita fugaz a Zaragoza

diciembre 30, 2010

La semana pasada me tocó hacer de turrón, vamos, volver a casa por Navidad. Por primera vez iba a pasar estas fechas tan señaladas (como diría aquel), lejos de casa así que decidí volver a casa por unos días.

Tenía además muchas cosas pendientes por hacer así que encima me vendría perfecto para hacer los recaditos pendientes y ver a toda la gente de allí, que aunque nunca se lo diga, llego a echarles de menos.

Jueves 23
El jueves cogí un avión al punto de la mañana con Alex (compañero de la oficina) tras unos pequeños incidentes en el bus de ida y algo mayores en el aeropuerto, donde casi estuvimos a punto de perder el vuelo por el caótico aeropuerto de Baneasa. Salían unos 8 vuelos al punto de la mañana y el control de pasajeros se convirtió en un embudo donde la gente, ansiosa por volver a ver a los suyos, decidió que empujar y gritar era una buena idea…

Compras para Bucarest

14 kgs de recados...

En Zaragoza hice los recados que me tocaban por la mañana con algún que otro susto, que el sistema informático de pasaportes de toda España se hubiese caído y fuese el único día en el que yo podía hacermelo antes de viajar al extranjero por Nochevieja, consiguió ponerme algo nervioso aunque bueno, el karma tenía que recompensarme de alguna manera y decidió que sobre las 19 horas ya me había hecho sufrir demasiado y conseguí sacármelo.

Por la noche cena con los amigos de la universidad (la técnica claro, en la “otra” no se hacen amigos). Echando la vista atrás ya hace 8 años que nos conocemos, parece mentira como pasa el tiempo pero es una gozada saber que, aunque cada uno por su lado, volver a juntarse alrededor de una mesa es como retroceder en el tiempo. Después de hartarnos de carne y sidra decidimos ir a bebernos lo que nos dejaron. Al final, a las mil en casa.

Viernes 24
Me levanté peor de lo esperado, una buena ducha y a seguir haciendo recados. El día pasó más o menos rápido hasta que llegó la hora de cenar. ¡Era Nochebuena!. Cenita en familia; algo sosa, la verdad, y es que ya no nos juntamos como lo hacíamos antes y poco a poco se va perdiendo el espíritu. No obstante sentarse 12 personas en una mesa alrededor de una buena comida (acojonante el “foie” de mamá) siempre es de agradecer.

No tenía intención de salir pero como la cena había acabado demasiado pronto decidí darme una vuelta y seguir quedando con toda la gente que tenía pendiente. Esta vez la noche fue rápida y pude acostarme relativamente pronto.

Sábado 25
¡Navidad! Desgracidamente ni Papá Noël, ni el Olentzero decidieron pasarse por casa a dejar ningún regalito, va a ser que no me he portado durante este año tan bien como creía…

Comida con toda la familia, esta vez sí, nos juntamos todos y lo pasamos en grande. Bebimos poco, comimos mucho y nos reímos más. Alargamos la sobremesa hasta bien entrada la tarde: póker, anécdotas y puestas al día. Después a casita a descansar un poco y a juntarme con más gente porque esa noche, iba a ser la grande…

Echamos unas cervezas, una cenita ligera y luego a quemar Zaragoza. Nos juntamos unos cuantos pero poco a poco fueron cayendo, menos mal que Bea y Nacho los últimos bastiones que quedan por aquellas tierras consiguieron aguantar todo el temporal y nos servimos de apoyo mutuo hasta bien entrada la mañana. ¡Genial!

Domingo 26
Todo el día por delante y todavía demasiadas cosas por hacer, comida con papá, mamá y la abuela, un poco de descanso, un coche que he regalado (o por lo menos cedido hasta nueva orden), un café con unas amigas que quedaba pendiente desde hacía mucho tiempo, preparar la maleta, un bocata muy bien acompañado, varias despedidas y un autobús que iniciaría el viaje más largo en el que me he embarcado…

Lunes 27
Todavía era domingo cuando, a las 23:20, cogía un autobús rumbo a Barajas. Mi intención era dormir unas tres horitas que sabía que me vendrían estupéndamente para lo que vendría por delante pero una atracción irresistible fue la culpable de que no dejase de hablar durante tres horas y cuarto. Nunca el trayecto Zaragoza-Madrid se me había hecho tan corto, no me hubiese importado que durase el doble…

Alex y yo nos bajamos en Barajas, cogimos las maletas y nos tocó esperar un rato al autobús que une las terminales. Cuando llegamos a la T1 decidimos que dormir una hora no vendría nada mal así que, acogidos por una vallado de policía, nos recostamos en el suelo abrazando nuestras maletas y nos brindamos a Morfeo.

Regalo de la mejor compañera de avión que pude tener

Regalo de la mejor compañera de avión que pude tener

Una hora y poco después nos levantábamos con un dolor horroroso de espalda. Estoy acostumbrado a dormir en el suelo pero estaba demasiado frío y a mi riñonada no le pareció buena opción. Facturamos, deambulamos por el aeropuerto probando colonias y a las 6:30 embarcábamos por la puerta B22…

A las 6:40 apareció el primer problema, el avión no parecía estar en concidiciones porque una puerta no llegaba a cerrar bien, no me importó así que me dormí hasta que el olor a quemado me despertó. La gente se empezó a impacientar porque se podía ver algo de humo y el ingeniero no parecía arreglar nada. Dos horas después bajábamos del avión… oh oh…

Vuelo con 10 horas de retraso

¡Retraso!

Fueron pasando las horas y no teníamos noticias, un sandwich y una bebida, obsequio de la casa, gente alterada, gitanos (sin desprecio) tocando el acordeón y gitanas bailando al son del música intentaban alegrar el ambiente, una chica demasiado alterada que no pudo contenter su frustación y se derrumbó, una compañía de mierda (EasyJet) que no puso gestionar un incidente como aquel, hojas de reclamaciones, gritos, más esperas, más sandwiches, menos ánimos y la final, después de 10 horas consiguieron reubicarnos en otro avión… por fin podría volver a “casa”.

A las 21:15, con diez horas de retraso, aterrizábamos en Bucarest. Despedidas de amigos que el destino quiso unir y cuya amistad, breve pero intensa, supuso un gran alivio para sobrellevar todo lo pasado… ¡Gracias!

Viaje a Ruse (Bulgaria)

diciembre 2, 2010

Por fin, después de casi dos meses de llegar a Rumanía y tras varios intentos fallidos, conseguimos hacer un viaje fuera del país…

Carlos, uno de los expatriados en Rumanía, ya nos había comentado en más de una ocasión que teníamos que hacer una visita en el día a Ruse, pequeña ciudad de la frontera bulgara muy cerca de Bucarest regada por el Danubio. Habíamos querido hacerlo anteriormente pero gracias a la visión que tienen los rumanos sobre los búlgaros (ladrones, dicen), no podíamos sacar ningún coche de alquiler a dicho país y por lo tanto, el plan era inviable… o no.

Gracias a Carlos, su coche y sus ganas de montar la excursión (gracias de nuevo), el sábado nos tocó madrugar más de lo normal. Mi despertador sonaba a eso de las 7:30 (de normal un sábado a esas horas ni siquiera estoy en casa) pero me levanté con ganas, todo el día por delante…

Tras dar unas cuantas vueltas por Bucarest ya estábamos los cinco en el coche: Carlos al volante, Pablo de copiloto, Andrea, Andrea y yo en la parte trasera nos poníamos rumbo a Bulgaria dejando atrás nuestra querida caótica ciudad.

Tras pagar un peaje de 6 euros por cruzar el puente sobre el Danubio, lástima de niebla, sobre las 10:30 llegábamos a Ruse. La primera impresión fue la de siempre, cualquier ciudad es más bonita que Bucarest. Esta me recordó a alguna ciudad que ya había pisado, no sabría decir cual… ¿Viena?¿Sofía? Las calles empedradas repletas de gente con la sonrisa puesta, edificios no muy altos cuyos bajos ocupaban las tiendas de moda, los coches correctamente aparcados… Después de un rato de paseo y de consultar en la Oficina de Turismo, nos sentamos a tomar un desayuno inglés, que de inglés tenía más bien poco excepto el precio y de ahí al coche.

Monasterio Ivanovo

Monasterio de Ivanovo

Tardamos un rato en llegar a nuestro primer destino: La ciudad medieval de Chevren. Chevren es una antigua ciudad medieval totalmente derruida y situada en lo alto de una colina. Hay que subir unos cuantos escalones pero merece la pena llegar hasta arriba y sentirse un auténtico medievo recorriendo las calles entre casas derruidas.

Rockers in the Rock

Rockers in the Rock

Volvimos al coche y nos pusimos rumbo a Ivanovo. Ahí pudimos entrar a una iglesia rupestre construída dentro de la piedra. También toco subir unas cuentas escaleras y cuestas entre un paisaje verde y húmedo que, gracias al sol, se hacía más practicable. Allí arriba pagamos 1 Lev por entrar (los estudiantes), los pardillos no estudiantes pagaban 4 lev. La verdad es que impresiona un poco ver como se ha excavado toda la “iglesia” que no dejan de ser únicamente 2 habitaciones con un balcón flotante (lo mejor, sin duda). Salimos de ahí y paseamos un rato por la montaña para poder contemplar el precioso parque natural de Lom.

Parque Natural Rusenski Lom

Parque Natural Rusenski Lom

El sol tenía ganas de marcharse pronto así que tuvimos que darnos prisa en ir al Monasterio Rupestre de “San Dimitar de Basarbovo”, monasterio donde las habitaciones están excavadas, también, en la roca. Bastante más cuidado que la iglesia anterior pero con menos encanto.

Cenando en el Happy

Cenando en el Happy

La noche ya había caído y con ella el hambre empezaba a notarse. Pasamos por el Metro, lo que en España conocemos como Makro a comprar algunas provisiones y luego volvimos a Ruse a cenar, este vez sí, al sitio perfecto… Se llamaba Happy y es una cadena que desconocía, muy en plan rollo americano, casi diría que tirando un poco a HardRock Café pero donde cenamos estupéndamenet. Por fin pudimos tomar sushi a un precio muy asequible, ensaladas y carnes bastante buenas… y todo por un precio de risa, 5 personas 35 euros (al cambio).

Y sobre las 19 nos metíamos en el coche para empezar la vuelta, por el camino muchas paradas en gasolineras en busca de unas galletas que no existían, un atasco de camiones que, afortunádamente, fue menos de lo que parecía, unas cuantas bebidas energéticas y risas, muchas risas gracias a esa música de hace 20 años que algunos se empeñaban en destrozar cantar. Al final, sobre las 21 llegábamos a nuestra ciudad, donde al estar tan cansandos no había muchas ganas de salir, pero que al final, se fue de las manos…