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¡Hasta siempre!

agosto 2, 2015

Ya, ya sé que hace muchísimo tiempo que no escribo pero creo que no hay mejor excusa para volver a desoxidar mis dedos y poner mis pensamientos en orden que honrarle con una despedida a aquella que fue mi apoyo en esta caótica y desenfrenada ciudad donde muchos llegan y más se van.

Fue ella la que me acogió hace tres años, casi sin conocerme y durante aquel fin de semana que se convirtió en casi un  mes. La que me enseñó el sitio adonde llevaría a mi primera cita en caso de que la hubiese tenido. La que durante aquellas primeras semanas se empeñaba en incluirme en su círculo de amigos llevándome a fiestas donde yo no conocía a nadie. La que me dijo que me podía quedar todo el tiempo que hiciese falta porque sabía que aquí los comienzos no son nada fáciles…

Pero de eso hace ya mucho tiempo; pasó de ser una casi desconocida a ser mi apoyo incondicional, mi vía de escape cuando necesitaba huir de mi mismo, de mis otros yoes o de aquellos conocidos que me resultaban extraños. La que escuchaba mis desvaríos sobre profesoras de francés, sobre los mensajes de teléfono nunca respondidos porque yo no era correspondido pese a intentarlo con todas mis fuerzas, sobre citas que no eran citas y que, al final, acabarían convirtiéndose en lo augurado… La que me ofrecía edulcoradas tardes de películas; películas que podían pasar a segundo plano o posponerse porque había otros temas más importantes que tratar sobre órganos de tamaños ínfimos, sobre imbéciles, sobre coronas, sobre escritores que me odiaban pero que se convertían en sus mejores amigos, sobre políticos cuyos cuerpos valían más que sus palabras y sobre otros muchos temas, banales y no tan banales. La que me ofrecía viajes en bicicleta por regiones poco desconocidas de este trillado país. La que me invitaba a eventos y círculos donde mi desconocimiento sobre ciertos temas se hacía latente y, pese a ella, seguía invitándome. Por todo eso, y mucho más, pasó de ser una casi desconocida a ser una amiga, una muy buena amiga, algo difícil de encontrar en esta ciudad que acoge tantos conocidos y tan pocos amigos.

Se habían presentado varios amagos de despedidas anteriormente y durante los cuales, poco a poco, fui aprendiendo como comportarme. Recuerdo cómo el egoísmo me invadió durante aquel primer anuncio de huída mientras tomábamos una cerveza en un café de un famoso bar de por aquí y le confesé, minutos más tarde, que si había estado raro mientras nos poníamos al día era porque estaba harto de que todos aquellos que me importaban por aquí se fuesen y para mí, el que se quedaba, no era nada fácil. La segunda, sabiendo del error cometido en la primera, supe comportarme mejor: mostré mi apoyo en todo momento y sin vacilar. El plan de huída se presentaba perfecto y no cabía otra opción que dejar de mirar atrás y lanzarse a la aventura que se avecinaba. Aun con todo, quizás no supe estar tan cerca como debía haber estado; una pequeña parte de mí todavía se daba cuenta de que perderla iba a suponer un gran cambio, posiblemente a peor, en mi condición de expatriado por estos lares. La tercera, y la definitiva, vino así, muy de repente. No entendí muy bien cómo los hechos habían resultado en semejante catástofre, esta vez sí, no había vuelta atrás… Y entonces entendí, lo vi tan claro que no pude sino ofrecer lo mejor de mí, mi apoyo incondicional y unas últimas semanas cargadas de momentos y recuerdos que llevarse. Cuando me di cuenta de que ese pilar fundamental para mí no hacía más que torcerse, deteriorarse y resquebrajarse por todos los azotes y calamidades sufridos por aquí entendí que no había otra salida sino el retorno, la huída al origen, durante todo el tiempo que fuese necesario y hasta que las heridas sanasen.

Y así es como aprendí a decir adiós porque no valía la pena estropear el momento con un hasta luego. Habrá momentos, quizás allí, quizás aquí, pero es difícil que vuelva a compartir lo compartido por esta ciudad que sabe sacar lo mejor y lo peor de cada uno. No importa, porque mereció la pena… Ahora olvida todo lo que hay que olvidar y recuerda todo lo que hay que recordar. ¡Hasta siempre!