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¡Nos vamos de despedida!

junio 2, 2012

Que una pareja de tu grupo de amigos se case es síntoma inequívoco de que la vida sigue avanzando por mucho que te empeñes en creer lo contrario. Lo bueno de las bodas es que siempre tienen una “previa”, (o eso creo, porque es la primera a la que voy a asistir), las llamadas “despedidas de soltero/a” donde se tiene la ocasión de juntarte con una buena parte que luego estará presente el día de la boda.

La verdad es que nunca había ido a una despedida pero supongo que no fue algo común, ya que por diversos asuntos la despedida sería conjunta del novio y la novia, sabían de antemano el día que iba a suceder, éramos 70 invitados a la despedida, sí, ¡70! (aungue luego fallaron muchos) y encima no hubo ningún agente externo que mostrase sus más íntimas partes al resto. Pese a todo ello y que a la organización nos costó muchísimo sacar todo adelante, creo que podemos considerar la despedida como un gran éxito.

A las 7:00 de la mañana nos presentamos en casa de la pareja para despertarles con más lástima que malicia, aprenderemos para las próximas que la clemencia se deja en casa. Les dimos pocos minutos para prepararse y los metimos en coches distintos rumbo hacia Murillo de Gállego.

Nada más llegar me dediqué a solucionar los últimos trámites pendientes y tarde poco rato en darme cuenta que no podía estar pendiente de la organización si quería disfrutar, así que en cuanto dejé todo solucionado, me sumé al grupo de gente dispuesta a aprovechar el día a máximo. Por la mañana una sesión de arborismo (tirolinas, pasos elevados, etc) para seguir con tres horas de bajada haciendo rafting. El arborismo no me decepcionó aunque sí que me esperaba haber descargado uno poco más de adrenalina, sin embargo el rafting fue lo más. Siete pardillos de ciudad comandados por un cabroncete que tras unas explicaciones nos hizo disfrutar al máximo: bajamos rápidos, nos caímos, abordamos otras barcas, volcamos la nuestra, salpicamos a los “enemigos” y aprendimos que el agua del río está muy fría aunque lleves neopreno.

¡Preparados para el arborismo!

¡Preparados para el arborismo!


¡La mejor balsa!

¡La mejor balsa!

Con bastante retraso fuimos al restaurante donde teníamos preparada la comida, disfrazamos a los novios de Tigre y Domadora y estuvimos de sobremesa hasta las siete de la tarde o así, momento en el cual pasamos a la parte “festiva” de la despedida ya que se habían organizado unas olimpiadas que congregaron a los jóvenes y viejos del lugar. Carreras de relevos, tirasoga, carreras de sacos, el pañuelo, sudokus… todos ellos en su variante alcohólica. El broche final lo puso la prueba de la media naranja, donde buscamos el pique sano entre los novios y que, afortunádamente, no llego a más pero sí que nos sirvió para conocer algunas de sus intimidades.

El tigre y la domadora

El tigre y la domadora


¡Olimpiadas alcohólicas!

¡Olimpiadas alcohólicas!

Por la noche cenamos en el mismo lugar donde habíamos comido, una breve sobremesa y tras acercarnos al albergue a dejar todas nuestras pertenencias, los valientes nos dimos a la fiesta en el único bar del pueblo. Como era de esperar hubo bebida, taconeos encima de una mesa, saltos al vacío y demás, todo ello rodeado de locales y extranjeros.

Nos fuimos retirando poco a poco conforme el ambiente iba decayendo para acabar en estado comatoso en alguna de las literas del albergue donde dormiríamos. O lo intentaríamos, ya que todavía quedaba alguna misión como conseguir un saco creyéndonos héroes en misión secreta.

A la mañana siguiente, nos arrastramos a las duchas como pudimos, bajamos a desayunar y algunos nos retiramos muy pronto, que todavía nos quedaba celebración en casa. Despedidas y agradecimientos a todos por un día de esos que marcan y se quedan grabados para siempre…