La familia crece…

Hace ya muchos años que el azar juntó a un grupo de jóvenes en una residencia estudiantil de un pequeño pueblo cerca de Copenhague. Algunos son (somos) incapaces de comprender qué es lo que pasó allí para que hoy, tanto tiempo después, todavía siga existiendo esa conexión tan fuerte…

Algunos tomaron una dirección y otros tomaron otra pero es curioso ver que, pese a que el tiempo pasa, seguimos siendo capaces de juntarnos un fin de semana (esta vez en Barcelona) y sentarnos alrededor de una mesa como si fuese ayer cuando compartíamos experiencias sobre nuestras vidas, estudios de última hora, cenas internacionales, risas y lloros, llegadas y despedidas, viajes, pósteres, más risas, el embutido traído de España, abrazos, vídeos muy ñoños, cumpleaños improvisados, disfraces, noches de karaoke…

En Barcelona

En Barcelona

La familia crece y ya no somos tan pocos (vienen las parejas y vienen los niños), ya no bebemos tanto y a cambio vamos a comer a sitios mejores, paseamos por la ciudad hacia adelante y no hacia atrás pero seguimos riéndonos, abrazándonos y besándonos. El cariño nos permite reirnos los unos de los otros: le pedimos a uno que le ponga crema en la carita al más nuevo sabiéndo que éste se echará a llorar y le decimos a la mayor que se case y que el niño le queda bien. Le decimos a uno que nos ponga la canción que sonaba en el móvil cada noche, al que se va a dormir que se vaya porque es demasiado bueno al juego de adivinar canciones y al que no hablaba más que de guarradas le decimos que qué bien lo ha hecho teniendo a quien tiene. Y la que falta le decimos que la echamos de menos y que nadie nos da los buenos días como ella.

La familia crece

La familia crece

Los más pequeños no saben muy bien de que va la cosa, se equivocan diciendo que eres el más guapo pero te lo crees y les robas un beso y una pulsera que nunca terminan. Los otros nuevos, que vienen a acompañar, acaban siendo uno más.

En Colón

En Colón

Y tú, que malcrees no haber cambiado, prometes que escribirás sobre éso, y aunque no te apetece mucho, cuatro meses después acabas sentándote y haciéndolo porque hay cosas que merecen ser contadas y además, sería demasiado injusto contar sólo la primera parte.

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