Archive for 29 octubre 2012

Bruselas: crónica de un inicio traumático

octubre 29, 2012

Ayer por la tarde-noche se cumplía mi primer mes en Bruselas. Podría recurrir a la típica frase de “parece que fue ayer” pero no, no es aplicable esta vez. Porque eso solo se dice cuando las cosas van bien, cuando todo sale según lo planeado y uno disfruta de la situación. Pero no, esta vez no ha sido así… no nos pongamos excesivamente dramáticos y comencemos por el principio.

Ya llegué con dudas, como escribí en la entrada anterior esta vez se me hacía más complicado que otras, pero aún albergaba la esperanza de que todo fuese una falsa alarma, que al pisar Bruselas, ese nuevo espíritu de aventura se adueñase de nuevo de mi cuerpo… digamos que no fue así, pero sí que esa sensación extraña que nunca había sentido en un momento similar (¿morrina?¿falta de ilusión?¿miedo?) se diluyó un poco con el agua de aquellos primeros días, porque en Bruselas llueve, y mucho. Y a mí me gusta que llueva, pero quizás no hasta ese extremo.

El primer fin de semana fue muy llevadero, Violeta y Berta me acogieron en su casa sin apenas conocerme. Nunca sabrán lo agradecido que les estoy por todo ese apoyo incial y ese refugio físico y sentimental que me prorporcionaron los primeros días, nunca porque aunque se lo repita, son cosas que no se expresan con palabras, o por lo menos yo no sé hacerlo. Salí, conocí la ciudad y conocí a mucha gente, a todos les intentaba hacer saber que yo no tenía piso, que tenía que conseguirlo cuanto antes y que si sabían de algo me dijesen. Di mi número de teléfono a desconocidos como nunca antes había hecho, tampoco sirvió de mucho. Además, conocí a unos cuantas stagieres más (sí, aquí no decimos becario porque suena algo despectivo así que cogemos el término francés y lo metemos en todos los idiomas, porque somos así de chulos, y becarios, sí, pero orgullosos) que serían mis compañeras de búsqueda de piso y aventuras en lo que llevamos por aquí: Pao y Ieva.

Happy Family

Happy Family


¡Viva Méjico!

¡Viva Méjico!

Poco a poco la gente iba encontrando piso y lo más desafortunados seguíamos buscando y buscando, hartos de tener que dedicarnos única y exclusviamente a perder el tiempo en páginas de internet, llamando a miles de teléfonos, buscando en periódicos… porque en Bruselas no es fácil encontrar piso, o no tanto como en otros sitios en los que he estado. Porque sí que es cierto que hay oferta, pero es caro y te encuentras con grandes mierdas sorpresas: habitaciones por 500 euros cuyo cuarto de baño está dos plantas por debajo, casas sin amueblar que prometían estarlo, cocinas donde en un extremo se encuentra la ducha, timos de gente que te dice que veas la casa por fuera y les pagues por adelantado 500 chavos, castings -a lo gran hermano- para hacerte con una habitación… Y sí, es cierto lo que todo el mundo dice, con paciencia se encuentra, y los que tenemos suerte de tener una casa donde instalarnos sin pagar un hostal lo tenemos más fácil, jugamos con es baza, la gente pagando 30 euros por un hostal está más desesperada y con frecuencia cogen cosas que tú rechazas porque no está a la altura. Ir a trabajar y por la tarde dedicarte a ver habitaciones, pisos y demás hace que tengas poca vida social, algo con lo que pocas veces te ha tocado lidiar, y a que a las dos semanas te plantes en el día de tu cumpleaños y puedas contar con los dedos de una mano a la gente que vas a invitar a cenar, pero en el fondo disfrutes de esa cena porque son gente que merece la pena y sabes que de los setecienteso y pico becarios que hay, ya te han avisado y es verdad, pocos se convertirán en algo más.

Cena de Cumpleaños

Cena de Cumpleaños

El trabajo tampoco pinta mejor, pero lo achacas a los primeros días, porque los primeros días siempre son difíciles. Siempre lo has sido pero sabías que ibas a poder ponerte al día en poco tiempo, no es que te creas mejor que el resto pero siempre has podido demostrar que eres capaz de mucho, por no decir todo. Y aquí te enfrentas a la dura realidad, tus compañeros tienen un perfil mucho más acorde al trabajo que aquí se hace, porque Europa te interesa, pero tampoco es que sea la panacea que todos dicen. Y además casi todos, por no decir todos, hablan a la perfección dos, tres y hasta cuatro idiomas y tú te das cuenta de que tu inglés tampoco es tan bueno, que tú francés está olivdado y que tu rumano, está ahí, para hacer la gracia soltando alguna frase entre gente que lo entiende. Menos mal que al llegar a esa casa de los primeros días puedes cocinar, relajarte, cenar en buena compañía y tener sobremesa agradables que te ayudan a desconectar y pensar que sí, que al final todo saldrá bien. Y la verdad, que un mes después, parece que se va arreglando, que todavía no estás a la altura y quizás, en cinco meses, nunca consigas estarlo, pero lo intentarás, como siempre.

También aprendes, porque una de las mejores cosas de viajar, conocer gente y compartir opiniones es que aprendes. Porque la vida es así, miles de cosas nuevas de las que puedes aprender mucho, o por el contrario, puedes evitar pensar acerca de ellas. Y piensas y te das cuenta, que tirar la toalla, tal y como te han enseñado, no es fracasar, es aprender a decir que no, y por primera vez en mucho tiempo, tras darle vueltas llevas a la conclusión, si abandono todo esto no es una derrota, esa una victoria sobre los miedos, sobre ese pánico al fracaso que siempre te ha perseguido. Gracias a eso se alivia la presión, y a partir de entonces todo parece ir a mejor.

Mudanza complicada

Mudanza complicada

Pero aún con todo te sientes afortunado, porque dos días después de tu cumpleaños te encuentras en tu cama un regalito y a la mañana siguiente tu hermana, su chico y dos amigos aparecen a modo de sorpresa en tu casa. Tal es el desconcierto que por un momento dudas si estás en París, Zaragoza o dónde y pasas un día genial. Sin poder enseñarles mucho de la ciudad porque todavía no has tenido tiempo para explorarla, pero por lo menos les puedes decir donde se come bien y pasar tres veces por la Grande Place. Y al final encuentras casa, ¡por fin! Y aunque te da mucha pena dejar tu casa de acogida durante este tiempo sientes que por fin tendrás tu espacio. Lo pasas genial haciendo la mudanza, subiendo muebles por el balcón y jugándote la vida porque si el que acabas de conocer decide soltar, el sofá te cae encima y si no mueres aplastado seguro que alguna secuela te deja. Pero no lo suelta así que piensas que será un buen compañero de casa.
¡Sopresa cumpleañera!

¡Sopresa cumpleañera!

Cuatro semanas después, cuando todo parece ir mejor, mirás atrás y crees que quizás exageraste un poco todo, porque las sensaciones pierden un poco su fuerza con el paso del tiempo. Pero luego lo piensas y decides que no, que está vez ha sido todo bastante duro, y que la posibilidad de abandonar sigue estando ahí, esta vez sin miedo y habiendo aprendido la lección. Pese a todo, te pones a escribir y dar noticias a aquellos que tanto lo han pedido y rebuscando entre las fotos te encuentras que en todas sales sonriendo, porque sí, en el fondo, ha habido pequeños momentos de felicidad entre tanta complicación.

Y así, con una pésima prosa que intenta no serlo, unas fotos que yo no hice y la falta de muchos pensamientos que se quedan en el tintero, se resumen estas cuatro semanas por la capital europea. Pedonad por haber tardado tanto en dar señales de vida, comprenderéis que no era mi máxima prioridad…