Archive for 30 junio 2008

Zaragoza, no te reconzco

junio 30, 2008

Hace ya más de una semana que aterricé en el aeropuerto de Barcelona después de más de 6 meses sin pisar mi cuidad, Zaragoza, a la cual llegué ese mismo día.

Durante esta semana me he ido dedicando a hacer recados que tenía pendientes: papeleos, llevar la cámara a arreglar, arreglar todos los ordenadores de mi casa, comprar piezas para ellos, comprarme libros… en fin, muchas cosas de una lista interminable que nunca consigo terminar e intentar adecuarme a una vida demasiado distinta a todo lo que dejé allí.

Mientras hacía todos estos recados, casi siempre en bici, de vez en cuando me alejaba de la zona en la que estaba y me iba a visitar los alrededores de la Expo, el actur, los puentes nuevos, mi zona. Y la verdad es que está todo muy cambiado. Siempre me opuse a la Expo y aunque sigo haciéndolo, creo que la ciudad está quedando bien… Faltan muchos carriles bicis (por la rivera y para la Expo no es suficiente), los autobuses siguen yendo fatal, el tráfico sigue siendo un caos y descuidando a los ciclistas, obras por todas partes… pero no sé porqué, creo que la ciudad está yendo a mejor. Cada vez se ven mas ciclistas, más organización, mejores infraestructuras y es que ya era hora, y que hayamos que tenido que albergar una exposición para que esto se lleve a cabo…

En fin, esperemos que siga mejorando y no sea algo solo pasajero.
Expo 2008 - RemonteExpo 2008 - EntradaExpo 2008 - Puente del Milenio

Por cierto, tendré que ir pensando en nuevo título para el blog… que ya lo sé, lo de Dinamarca está mal…

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Mi familia de Dinamarca

junio 23, 2008

En este caso definiré familia como la gente con la que he convivido día a día, vecinos con los que he pasado horas y horas en la cocina, en mi cuarto o en cualquiera de los suyos. Mi familia porque eran los que estaban cuando llegaba a casa, cuando me iba… mi familia porque los he querido como hermanos y hoy, una de mis hermanas me mandó este vídeo…

¿Despedidas? No soy uno de esos…

junio 22, 2008

Ya lo siento, soy uno de esos que odian las despedidas, que nunca sabe que decir, ni que hacer. De esos que quieren que nunca llegue el momento de despedirse porque sabe que se quiera o no, algo termina. Y cuando llega, sale corriendo.

Soy uno de esos que cuando le acompañan 12 compañeros a despedirle al aeropuerto abraza a cada uno sabiendo que un trozo de su corazón se queda en cada abrazo, en cada beso. Uno de esos que se despide con un simple “gracias” porque no tiene valor a soltar un discursillo que haga saltar algunas lágrimas (probablemente más suyas que de los demás). Uno que intenta que cada día sea especial para cada uno de sus amigos intentando arrancar siempre una sonrisa haciendo el día más ameno, a veces lo consigue, otras muchas no. Uno de esos que quiere que los demás aprovechen cada momento con él, como él lo hace con ellos, disfrutando cada segundo, cada experiencia, cada viaje, cada noche… para que así, cuando llegue el momento y no tenga palabras para decir lo que siente al despedirse, por lo menos la gente se quede con alguno de los buenos recuerdos que consigan diluir la amarga despedida.

Uno que deja atrás a 12 amigos tras un aplauso que suena consiguiendo sacarle los colores, uno que no se atreve a mirar atrás para no mostrarse débil, que cruza un control de seguridad, que entonces se atreve a mirar atrás y ya no hay nadie, que vaga 20 minutos por el aeropuerto, se arrepiente y manda un mensaje para expresar lo que siente, que no para de darle vueltas a lo que tenía que haber dicho a cada uno y que en su momento no surgían las palabras, uno que se sienta a leer un cuaderno hecho por sus amigos y llora, porque ahora ya está solo y le da igual mostrarse débil…

Y uno que no se olvida de los que no pudieron venir, porque ya no estaban. Porque habían sufrido antes o después lo que a él le toco ayer saliendo mejor o peor del paso. No se olvida de lo que vivió durante diez meses de su vida por aquellas, ahora tan lejanas, tierras danesas. Que agradece de todo corazón a todos y cada uno de ellos por haber conseguido que lo que se suponía iba a ser el mejor año de su vida se convirtiese en una realidad. Que esperaba que solo sea el principio de algo grande, algo muy grande que se ha ido formando en todos y cada uno de nosotros. En definitiva, uno que no olvida. Y es que, cada uno, es como es. Y yo, sintiéndolo mucho, soy así y sólo se me ocurre decir gracias y hasta pronto.

Todos en el cumpleaños de Boro

Vuelvo a casa

junio 17, 2008

Lo que escribí hace una semana:

“Es casi mediodía, miro hacia la derecha y veo la ventana por la que tantos días han pasado, hoy hay sol afuera. Suena música que debería hacerme sentir algo más alegre pero no lo hace. Acabo de comprar el billete de vuelta, me ha costado bastante más que si lo hubiese comprado hace una semana cuando ya tenía decidido el día… No os podéis imaginar lo difícil que se hace comprarlo, no es como cualquier otro billete e avión, este cuando lo compras sabes que pone fin a una etapa, una etapa que te resistes a querer dejar atrás…”

Mi idea era volver el día 15 porque se supone que voy a empezar a trabajar el día 16 de junio en la Universidad. Como el sábado seguía sin saber nada acerca del tema, decidí retrasar el vuelo una semana más con el consiguiente incremento del precio del mismo. De todos modos no me supuso ningún problema, pagar 40 euros por disfrutar una semana más de todo esto es más que un regalo, además estoy haciendo un experimento (iba a comentarlo en otra entrada pero me da pereza, así que lo escribo aquí), consiste en respirar aire dentro de una cabina de avión donde están probando distintos filtros, voy dos horas al día durante cuatro días, y por ello me pagan, unos 15 euros la hora, que no están nada mal por pegarme dos horas conversando con un buen chaval, él ya sabe quien es y practicando un poco de español… (ya, yo vine aquí a aprender inglés, pero bufff…..), nos reímos mientras todo el mundo calla, lee, dormita o estudia y lo que son dos horas parece mucho menos. Estamos respirando aire del ambiente y cada cierto tiempo nos llaman para respirar el que sale directamente de los filtros, algunos no huelen mal, pero otros bastante mal, irritan los ojos, garganta y nariz. En fin, dicen que no suponen ningún peligro para la salud y yo espero que los 160 euros aproximádamente no acorten mi vida…

En fin, a lo que venía el hilo, que vuelvo a casa, el día 22 pongo fin a una etapa que ha marcado mi vida, me ha hecho crecer y conocer a gente estupenda. Sí, esto caduca, como todo en la vida y yo sigo sin aprender que toda etapa tiene un fin. No os preocupéis, que escribiré una despedida en condiciones y no cuatro palabras mal dichas. Cogeré un avión a las 7 de la mañana que me devolverá a la realidad, a la familia y a los amigos que espero no me hayan olvidado. Mientras tanto, a cada cosa que hago pienso, la última vez que paso por aquí, la última vez que escalo, la última vez que compro esto, la última vez que vengo aquí, la última vez que bebo en este bar, la última vez veo a éste o a aquel, la última vez que… y mientras tanto los días pasan, la poca gente que queda se va yendo y yo mientras tanto memorizo cada detalle, porque no me voy a olvidar tan fácilmente de todo esto cuando vuelva….

El último viaje, Dinamarca en “furgo”

junio 17, 2008

Sería un gran error irse de este país sin haberlo visitado. He aprovechado este año para viajar como nunca lo había hecho, he recorrido la media Europa que me faltaba y conforme esto se iba acabando me di cuenta de que Dinamarca, donde he vivido casi un año, no estaba tachada…

El viaje tuvo lugar hace ya más de una semana (la pereza y el no tener internet en casa hace que no haya podido escribirlo antes), lo siento. Y aunque sigo con pereza voy a tener que escribirlo pero esta vez no será tan detalladamente como lo he hecho otras veces así que pondré más fotos y menos texto…

El viaje comenzó el día 4 de junio. Tras varios días intentando conseguir una furgoneta de alquiler y que por algún que otro problemilla no se pudo conseguir hasta el último día, siete españoles nos pusimos rumbo a Møn, una isla situada al sur de la Zealand. Hay unos acantilados bastante chulos y unos paisajes verdes bastante imponentes que chocan al ver el horizonte marino tan azulado. Fuimos y volvimos en el día, ya que aquella noche había despedida de varios amigos que se volvía para su tierra así que tras conducir unas tres horas, ver los acantilados, comer allí, pasear por unos bosques preciosos, subir y bajar muchísimas escaleras, conducir otras tres horas, visitar Roskilde donde hicimos de piratas en un barco antiguo -realmente era vikingo-, volvimos a casa, nos duchamos, fuimos a casa de María e Isa y tuvimos una fiestecilla con un buen banquete, abundante bebida y más de una amargar despedida (Boro, Santi y María nos dejaban…).
Acantilado de mønBajando a la playa de mønHaciendo el indio

Todos en la furgonetaAl día siguiente, tras dormir muy pocas horas nos pusimos ya rumbo al viaje en serio. Por motivos que no vienen a cuento, Maider que nos había acompañado el día anterior no pudo venir, así que quedábamos María, MaryQueen, Guille, Carlos, Lili, Thierry (francés) y yo que hacía un total de siete aventureros.

El primer día tocó dirigirse hacia Jutland, la península danesa. Cruzamos un puente enorme por el que nos cobraron mucho dinero (200 DKK aprox), visitamos Odense, hicimos la compra enorme en el “LIDL”, comimos tirados en un parque, disfrutamos de una concentración de coches antiguos y luego nos pusimos rumbo a Billund donde visitamos Legoland (gratis a partir de las 6 de la tarde).Nos impresionó lo fácil que es representar un mundo muy real con millones de pedacitos de plástico, construimos coches para hacer carreras, se me estropeó la cámara de fotos, hicimos un poco el niño saltando sobre unos cuadrados creyendo que hacía que unos instrumentos sonasen a nuestro ritmo, nos comimos un perrito caliente y luego nos pusimos a buscar un sitio donde dormir.
Con HC AndersenEntrada a LegolandCabaret de legoTuristas de lego

La primera nochePrecioso fuegoTuvimos muchísima suerte, he viajado bastantes veces en plan “guarro” y no había visto nunca un sitio tan adecuado para hacer acampada libre (totalmente prohibida, claro). Montamos la tienda mientras los mosquitos que no picaban nos picaban, hicimos un fuego en tiempo récord para ahuyentarlos, cenamos al calor del fuego y luego dormimos, 3 en la furgo y 4 en la tienda. Me tocó en la parte trasera de la furgo y dormí bastante bien, aunque con algo de frío.

El día siguiente (6 de junio), nos pusimos rumbo al norte, visitamos Aarhus (también se dice Århus) y Aalborg, ciudades que sé que son importantes y que me encantaron, más la primera que se veía abarrotada de gente y muy animada, allí cogimos unas bicis gratuitas y vimos un parquecillo (jardín botánico) bastante grande. De la segunda no hay recuerdos importantes, así que supongo que no me gustó mucho. Por la noche dormimos en un camping de la costa este muy al norte, no hicimos trampa, pagamos siete personas que éramos, me bañé en un mar bastante frío aunque esperaba mucho más y utilizando un calzoncillo como bañador. Esta noche dormí en tienda tras haber cenado todos juntos, sandwiches otra vez y con algo de frío ya que no pudimos hacer fuego esta vez…
Me bañaré en este frio marSegunda noche, todos juntos

A la mañana siguiente, teníamos un objetivo claro, llegar al punto mas septentrional de Dinamarca (sin contar Groenlandia). Visitamos unas dunas (Raabjerg Mile) que me recordaron a la “Dune de Pyle” en Francia. Luego subimos hasta Skagen, donde chocan dos mares, paseamos por la playa y nos hicimos una foto mojándonos hasta las rodillas en un mar, esta vez, muy frío. Y nos pusimos rumbo al sur por la costa oeste, una costa que jamás diría que pertenece a Dinamarca con paisajes extramadamente secos. Cenamos una barbacoa de usar y tirar, por fin comíamos algo caliente. Bajamos casi hasta Eesjber donde intentamos localizar un sitio para dormir, se hizo bastante complicado, la impaciencia se empezó a notar cuando tras muchas vueltas y vueltas, cervatillos y conejos por la carretera y más de media noche en el reloj, no aparecía el sitio idóneo. Nos daba igual un camping, bosque o algún área de descanso, pero cada lugar parecía peor que el anterior. Quise seguir, y con la gente medio dormida y que había depositado mi confianza en mi, con Lili a la derecha y Thierry a la izquierda conduciendo seguimos tirando hasta que encontramos un camping. Marcaban más de la una y media, no había barrera así que la opción estaba clara, plantar la tienda en tiempo récord y sin ruido, dormir escasas horas e irnos sin pagar al día siguiente (y es que es lo que tiene ir de pobre por la vida…).
Caminando por la dunaLa duna quemaCaminando al finPunta de DenmarkCenando barbacoa

Al día siguiente, madrugón, retirada en tiempo récord (menos de 7 minutos), y rumbo al aeropuerto de Billund donde nos aseamos por turnos para no dejar la furgoneta en un sitio de parada máxima 2 minutos. Visitamos el pueblo más antiguo de Dinamarca Ribe (mención especial para mi amigo Gimenete -espero que me pagues la publicidad gratuita-). Cosa curiosa sabiendo que la casa más antigua de escandinavia está en Køge… pero bueno, yo no entiendo de estas cosas y supongo que será posible. Luego fuimos a las playas de Rømø. Playas para mi gusto asquerosas, repletas de medusas, kilométricas y donde la gente mete el coche hasta la escasos metros de la orilla. Jugamos a ser el “Equipo A” con la música a tope, saltando con la furgoneta en marcha y asomados por la ventana con una imprudente conductora a una velocidad de vértigo…
Visitando RibeSaltando peligrosamente

Recogiendo todoTras comer en un área de servicio ya encaminados a nuestro destino -la resi- volvimos a cruzar el monstruoso puente, con su correspondiente pago, y decidimos que era la ocasión perfecta para visitar todos juntos Copenhague, cosa que misteriosamente no habíamos hecho. Siernita, paseo por Ny Havn donde hicimos el cabra, vueltas a la plaza del Palacio Real con la furgoneta, ventanillas bajadas y música a todo trapo mientras los guardias nos miraban con cara extraña y por fin, vuelta a casa tras 4 intensos días.

SirenitaReconozco que no presté mucha atención a las ciudades que visitamos, simplemente las disfruté sin importar en que lugar del mapa estuviesen situadas pero sé que fuimos del este al norte, del norte al oeste, del oeste al sur y del sur al este. Todo esto en 4 días donde algunos aprendieron (no entraré si gustosamente o no) como visitar Dinamarca por menos de 200 euros, comida, transporte y sueño incluidos. En fin, un placer al alcance de todos siempre y cuando encontréis una compañía tan grata como la que yo tuve… 😉

Editado el 20 de junio: He añadido las fotos que he considerado más importantes. Si queréis leer esta experiencia narrada por otros dos compañeros podéis visitarlos en los siguientes enlaces: Charly o María