Conquistando Madrid

El fin de semana pasado (13-15 de noviembre) teníamos planeada una visita a nuestro amigo Néstor que hace casi un año decidió alejarse de las tierras mañas para emprender nuevas aventuras por la capital.

Viernes 13
Salimos sobre las 16 de la tarde: Adri, Tig, Sara, Bea y yo en un coche. Llegamos más tarde de lo previsto ya que al puto GPS le apeteció darse una vuelta por Alcalá de Henares, Mejorada de Campo y un poblado de chavolas que ni las fabelas de Río.

casa de nestor

En casa de Néstor

Nos recibió Néstor en su pequeña pero acogedora casa, bajamos al Mercadona a por provisiones, cenamos en 100 montaditos, volvimos a casa a beber un poco y luego de fiesta. Sólo tocaron dos noches y por la zona de Vallecas, altamente “desmilitarizada”, que dirían algunos.

Hebe

Pinchamos muchos litros...

Empezamos en el Hebe, donde todo nuestro “bote” se fue en litros, de los cuales, muchos (por no decir todos), fueron pinchados y partir de ese momento la noche se fue descontrolando. Muchas risas, unos baberos echados de menos, mucha gente rara, muy rara, y para terminar como se merece, lo que llaman la cuna del Heavy Metal, la Excalibur, donde dimos lo poco que nos quedaba.

Sábado 14
Nos levantamos relativamente tarde, comimos un pollo muy bueno que se curró Tig y luego algunos a echar la siesta y otros a dar un paseo (únicamente yo, que con mi gran orientación, me perdí y anduve mucho más de lo previsto). Intentamos hacer un poco de turismo, demasiado poco, la verdad…

Turismo en Madrid

De turismo en Madrid

Echamos unas cañas con su apreciadísima tapa por un precio ridículo, (ojalá aprendiesen los bares de Zaragoza). Quedamos con Lili que nos llevó a un bar donde seguimos tapeando (el Ovni). Volvimos a casa a adecentarnos, beber un poco y, por último, coger el último metro en dirección a Huertas.

Discoteca

Discoteca en Huertas

Mucho andar para, al final, acabar en una discoteca donde la música podría decirse que era lo absolutamente opuesto a lo del día anterior. Ritmos demasiado repetitivos que no impidieron que volviesemos a disfrutar de la noche. Algunos cayeron por el camino, ya que la resaca pudo con ellos (Néstor), pero otros aguantámos como auténticos guerreros hasta que decidieron echarnos a la hora del cierre.

Al final muy tarde en casa, y Lili más, que se empeñó en acompañarnos a casa. (Se debía de creer que estos paletillos de las provincias no sabrían moverse por la capital… ¡lo que hay que ver!).

Domingo 15
Levantarse después de pocas horas de sueño, una refrescante ducha, unos macarrones carbonara y de vuelta a casa. Esta vez no fue el GPS el que se equivocó, fue un señor conductor que no supo salir bien y volvió a acabar en dirección contraria…

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