Viaje a la fría Laponia

Tras muchas semanas de preparación del viaje, con incontables llamadas telefónicas, muchos emails y la ayuda de Pati y María, montamos el viaje a la fría Laponia. Costó mucho organizar todo ya que éramos demasiados y la gente se iba apuntando por rachas, lo que hacía cambiar los planes una y otra vez, al final 14 intrépidos viajeros se adentraron en la fría y blanca Laponia…

Viernes 14

Después de una noche de marcha y pocas horas de sueño, me levanté para prepararme todo lo que me faltaba del día anterior, una necesaria ducha, unos bocadillos, los últimos retoques a la maleta… Habíamos quedado Lili, Lluis y yo en Virum con María, Isa y Pati para ir a Lyngby, donde nos encontraríamos con Carlos y comprar los billetes de Interrail. Con todo ya listo, fuimos para el aeropuerto donde casi conseguimos 300 euros en billetes debido a que había “overbooking” y nos ofrecimos como voluntarios aunque al final no hubo suerte y cupimos todos en el avión.

Al ver el avión nos sorprendimos de como autobuses con alas son capaces de volar, normal que nos hubiesen obligado a facturar las maletas de 10 kilos cuando el avión era, digamos que pequeño aunque bastante espacioso por dentro. Yo aproveché a dormir ya que la noche anterior no había podido hacerlo mucho.

Llegamos a Tampere y cogimos un autobús para ir hacia el centro de la ciudad, concretamente al estación de trenes donde dejamos las maletas en las cosignas. Dimos unas pequeñas vueltas y luego volvimos a la estación para encontrarnos con el resto del grupo que habían pasado la noche en el tren viniendo desde Helsinki, eran: Jorge (Madrid), Jorge (Léon), Javi (Guadalajara), Dianita, el Portu, Toño y Boro con lo cual sumábamos la increíble cantidad de 14 personas, un número demasiado elevado para un viaje según mi punto de vista, pero bueno, salió más o menos bien. Tampere es un lugar bastante feucho y que el único atractivo que encontramos fue una iglesia donde había un concierto dentro que no llegué a escuchar y lo bonito de la nieve cayendo sobre una ciudad para hacerla más fría todavía. Luego fuimos a por provisiones, en un viaje tan caro no se puede uno permitir ir de restaurantes, así que en el LIDL compramos algo de comida y bebida. Volvimos a la estación a hacer la reserva para el tren de la noche, aunque no es necesario preferimos asegurarnos sitio, ya que en una noche donde todo el mundo volvía a casa por Semana Santa, no nos apetecía tener que levantarnos cada 20 minutos porque alguien había comprado un billete con ese sitio.

En el tren estuvimos de charleta un buen rato, incluso jugamos a las cartas, echamos una cerveza en el ba donde Carlos y Lili intimaron con autóctonos borrachos y bastante maduritos. Luego fuimos a dormir y costó mucho conciliar el sueño debido a la gente bastante bebida que no paraba de gritar y decir chorradas. Me desperté varias veces y en una de ellas me dí cuenta de la sed que tenía, como el bar de la tren estaba cerrado decidí bajarme del tren en una parada que había y correr a por agua, aunque me había asegurado de que el tren iba a estar ahí más de 10 minutos, cuando volvía hacia la estación sin haber conseguido agua, normal que no haya nada abierto a las 5 de la mañana, y vi un tren que arrancaba me entró el pánico, yo, en chanclas, a unos 0ºC y sin móvil y cartera. Afortunadamente era el tren de la vía 2 el que se iba y no el de la 3…. ¡uf!

Al final, por la mañana del día siguiente llegamos a la famosa ciudad de Rovaniemi.

Sabado 15
Tras andar un ratillo por una estación con los andenes totalmente congelados, fuimos al edificio donde dejamos las mochilas/maletas en la consigna, como buenos jóvenes con poco dinero (y no diré españoles esta vez), nos colamos en el baño donde había que pagar 1€ para entrar, nos aseamos un poco y nos dimos unas vueltas por Rovaniemi. Hacía mucho frío y varios de nosotros decidimos que no habíamos venido con toda la ropa adecuada, así que entramos en un centro comercial y compramos cosas tipo calcetines, guantes, bufandas…

Hicimos la visita obligada al McDonald’s mas septentrional donde algunos comieron y otros no. Fuimos a por el coche que habíamos alquilado, sale bastante rentable alquilar un coche en vez de tirar de autobuses y da mayor libertad. Se suponía que nos iban a dar un Golf pero al final fue un Jetta con un maletero bastante amplio y las obligatorias ruedas de invierno. Fuimos al supermercado a comprar donde compramos demasiado, es imposible estimar lo que consumen 14 jóvenes hambrientos.

Volvimos a la estación donde nos dieron el otro coche, esta vez era una furgoneta VW Caravelle. Los cargamos con todas las maletas y comida y nos fuimos rumbo al norte, concretamente hacía Inari donde nos plantamos tras 4 horas de conducción por carreteras peligrosas que realmente no lo fueron, de camino visitamos Napapiiri, el pueblo donde vive Papa Noel y por donde pasa el Círculo Polar. Pasamos Inari y fuimos al albergue que habíamos reservado, llamado vasatokka. Como llegamos tarde y ya no había nadie en recepción, nos habían dejado en un buzón las llaves de nuestra cabaña, una preciosa construcción de madera con las más modernas instalaciones dentro, y para colmo se llamaba “Birra”.

Muñeco de nieve

Se repartieron las camas, se hizo fuego y unos increíbles cocineros (no, yo no me incluyo) hicieron unos carbonara bastante ricos. Después de cenar, una copa obligada y a dormir pronto que al día siguiente había mucho por hacer…

Domingo 17
Madrugón a las 7:50, ducha y desayuno a toda prisa para ponernos rumbo hacia Sariselkä, lugar situado a 40 kilómetros al sur de Ivalo, 70 de Inari donde paramos a pagar las actividades (nada más y nada menos que 180 eurazos) y donde pasamos el día haciendo actividades. Llegamos muy puntuales y tras enfundarnos en unos monos de nieve, con pasamontañas, manoplas y hasta casco, hicimos dos equipos.

Lili, GuadalaJavi, Toño, Yuste y yo nos pusimos en el equipo que empezará primero con las motos de nieve, llamadas snowmobiing, mientras que el otro equipo hacía primero trineos tirados por huskies.

Monos

Tras una breve lección de como llevar la moto de nieve, que hasta tiene calientamanos, nos pusimos en marcha. Al principio la moto costaba un poco llevarla ya que pesaba bastante y en los giros había que hacer bastante fuerza. Conduje durante una media horilla sin ningún contratiempo y luego paramos a hacer el cambio de conductor y a contemplar el maravilloso paisaje, todo blanco y con algún que otro árbol sin hojas salpicando de marrón oscuro.

Con Lili al volante, tuvimos un pequeño contratiempo, se salió de la pista y por mucho que lo intentaba no podía volver a entrar en la pista así que tras unos metros sobre nieve virgen, al parar nos caemos hacia el lado izquierdo como auténticos muñecos (nunca se han de sacar las piernas, ya que es peligroso). Nos levantamos entre risas y seguimos el camino, esta vez con más prudencia aunque de vez en cuando, Lili se volvía una auténtica “imprudente” y le metía bastante caña a la moto.

Al mediodía paramos para comer en una cabaña donde nos juntamos con el otro grupo, comimos una sopa de salmón que estaba buenísima y de postre un café para entrar en calorcito. Pasó media hora hasta que volvimos a ponernos en marcha, ahora tocaban trineos. Parecerá que no, pero 7 perros tiran bastante y ello produjo un pequeño incidente… Habíamos parado porque Yuste y Toño se habían caído del trineo y habían perdido la cámara, así que el monitor, que iba en moto, volvió a buscarla. Mientras estábamos los 5 solos en medio de la nada, empecé a oir como alguien gritaba, _¡páralo, páralo!_ y ví como un trineo, con nadie dentro venía corriendo hacia mí. Intenté agarrarlo pero no lo conseguí y Toño, detrás corriendo tampoco pudo alcanzarlo, así que vimos como un trineo se perdía en el horizonte. Volvió el monitor, que vio el panorama y salió corriendo en busca de sus perros. Al final conseguimos llegar al final del trayecto sin ningún otro incidente donde nos encontramos con el otro grupo que también habían tenido algún que otro incidente con las motos, Isa arrolló un posté de señalización y María con Jorge también se cayeron.

Volvimos a casa bastante cansados pero con ganas de jugar en la nieve, así que durante un par de horas estuvimos bajando cuestas en trineos, con bastantes caídas más y menos dolorosas, guerra y lucha en la nieve, salto desde el tejado a la nieve… Luego cenamos un arroz a la cubana y otras copillas para rematar el día, ah, y por fin la vimos, alguien salió a fumar y entro gritando, _¡la aurora, la aurora!_ Salimos, miramos al cielo y la vimos, una especie de arcoiris verdecino dibujaba un arco en el cielo, yo me esperaba más, pero fue bonito.

Lunes 17
De nuevo volvimos a madrugar, hoy tocaba otro día plagado de actividades organizadas por los del albergue que prometía ser agotador. Fuimos a desayunar al comedor del recinto donde nos pusimos como auténticos cerdos y vino a nuestro encuentro “Laura”, nuestra atractiva guía Lapona.

Nos enfundamos las botas de esquí de fondo y tras unas breves (demasiado para algunos) explicaciones nos pusimos en marcha, no duramos ni 15 metros hasta que un pequeño desnivel hizo que fuésemos cayendo uno tras otro y que no pudiésemos levantarnos. La desesperación de la guía, acompañada de su sonrisa nos hizo ver que era normal y que no éramos los primeros, así que decidió darnos unas lecciones adicionales de como moverse con los esquíes de fondo sin parecer auténticos patos.

Nos costó hora y mucho hacer 3 kilómetros hasta que llegamos a un lago helado donde íbamos a construir unos igloos, mejor dicho un quinzhee, que suelen utilizarse como refugios de emergencia. Nos costó un buen rato apilar todo y mucho sudor. Luego nos fuimos de vuelta al albergue a comer mientras dejábamos que la nieve se solidificase para más tarde seguir con la construcción.

Igloos

Tras comer hicimos un juego de orientación en la nieve por grupos, nos dieron raquetas, un mapa y una brújula con su correspondiente explicación. Teníamos encontrar unos puntos en el mapa. Era bastante divertido pisotear la nieve con las raquetas que funcionaban peor de lo esperado ya que te hundías igualmente hasta la rodilla. Estuvimos con ello un par de horas y volvimos al lago donde tomamos un café y seguimos con la construcción del refugio, vaciamos toda la nieve y nos quedo una construcción bastante aceptable, supongo que en una noche de supervivencia habría valido para sobrevivir (o eso quisimos creer).

Raquetas de nieve

Cenamos en el comedor verduras, con patata y carne, hicimos un poco de sobremesa y los más valientes nos preparamos para lo peor. Sauna y baño ártico en un agua que se encontraba a -1.5 ºC. Fuimos a casa a cambiarnos, corrimos al a sauna donde estuvimos un poco mentalizándonos, establecimos como íbamos a meternos en ese infierno helado y quien iba a hacer fotos. Salimos de la sauna corriendo a una temperatura ambiente de unos -13ºC, nos acercamos al lago y fuimos bajando uno por uno, la verdad es que no era tan horroroso como era de esperar, lo peor, la salida. Volvimos corriendo a la sauna donde calentamos los doloridos pies y luego salimos a rebozarnos por la nieve, ¡eso si que dolió!. Me tiré en plancha y sentí como si mil clavos helados me arañasen el torso (sí, estoy exagerando un poco… 🙂 ). Volvimos a la sauna, nos duchamos y volvimos a casa.

Fr�o, mucho fr�o

Martes 18
Comienza la vuelta.

Nos levantamos a las 5.10 para ducharnos, desayunar y recoger toda la casa antes de irnos dirección Rovaniemi donde pillaríamos el tren de vuelta. Tuvimos un problema con los coches que no quería subir una cuesta helada así que hubo que bajarse todos y empujar para que la tracción delantera del coche consiguiese arañar la nieve y el hielo. Al volante Isa y María que nos llevaron bastante bien, mientras muchos dormían tuve que mantenerme despierto para hacer compañía a María que mostraba serios síntomas de fatiga…

Llegamos a Rovaniemi antes de lo previsto, así que aprovechamos para visitar un mercadillo que había justo enfrente del supermercado donde compramos algo de comida. Luego volvimos a la estación, devolvimos los coches y nos hicimos unos bocadillos a la espera de que el tren saliese.

Con lo cansados que estábamos casi todos dormimos en el tren hasta llegar a la sosísima ciudad Kemi. Una ciudad famosa por un palacio de hielo y un barco rompehielos. El palacio pintaba bien, pero pagar 7 euros por ver unos muros de hielo no lo consideramos justo así que continuamos. Caminamos sobre el mar helado y luego paramos en una cafetería a tomar algo y luego volvimos a la estación para coger el tren con dirección a Oulú.

Kemi

Oulú más de lo mismo, una ciudad bastante fea, se supone que es una ciudad universitaria y la verdad es que era algo mejor que la anterior, pero entre el cansancio y la falta de cosas interesantes hizo que tras dar unas vueltas fuésemos a tomarnos un “kebab” algunos y otros “pizza”. Luego volvimos a la estación, cogimos las maletas y nos montamos en el tren donde nos hicimos con un vagón solo para nosotros. Últimas copas del viaje y a dormir después de un buen rato de charleta.

Miércoles 19
Tras estar toda la noche en el tren y maldormir unas 6 horas interrumpidas varias veces, despedirnos de María, Pati y Jorge (que tenían otro destino), llegamos a las 6.54 a Helsinki. El viaje ya había hecho mella en nuestros cuerpos y la energía de los primeros días había disipado con la nieve que quedaba mucho mas al norte así que nos quedamos desayunando tranquilamente en las consignas de la estación durante casi un par de horas para recuperar fuerzas y luego recorrer la capital finlandesa.

Vimos Helsinki mientras nevaba en abundancia, visitamos el estadio de futbol, un par de catedrales, el puerto, etc. En el puerto paramos a descansar un rato y yo, que ahora sentía el sol en mi nunca me dormí un rato, luego fuimos al encuentro de Guille y Tere a la estación de tren, cogimos un barco y fuimos hasta una isla “Suomelinna” donde pasamos un par de horas. Luego volvimos les enseñamos a Guille y Tere la ciudad, básicamente por donde nos habíamos movido e hicimos unas cuantas fotos más.

Helsinki

Caminamos de vuelta a la estación, ya casi arrastrándonos por el cansancio, allí estaba el resto del grupo, cogieron las maletas y se fueron hacia Tallín. Yo me quedé con Diana ya que volvíamos desde Helsinki y no continuábamos el viaje como hacían los demás. Descansamos un rato en las consignas y luego cogimos el autobús hacia el aeropuerto, esperamos unas 3 horas allí y cogimos el avión rumbo a casa donde me dormí nada más despegar.

Sobre las 22.10 pisábamos suelo danés en una parte del aeropuerto que no conocíamos y que nos asustó al creer que nos habíamos equivocado de destino… Esperamos a la hermana de Lluis que venía de visita y volvimos a casa.

Fin del viaje.

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Una respuesta to “Viaje a la fría Laponia”

  1. Lilian Says:

    Sin duda uno de los mejores viajes del Eramus Cph 07-08!!!!!
    Quien quiera montar en moto conmigo solo tiene q pedirlo ;D

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