Viaje al centro de Europa

Después de una semana en mi otra casa donde tuve tiempo para habituarme de nuevo a esta tierra, 14 personas nos fuimos de viaje hacia el centro de Europa. Puede parecer que son muchas, y siendo sinceros, lo es. Es casi imposible que un viaje con tantísima gente salga bien y he dicho casi, porque está vez salió bien. Los 14 valientes éramos: Santi, Carlos, Lluis, Diana, Paty, Isabel, Ana, Maider, María Ávila, María Boisán, Selim (francés y único extranjero), Toño, Arturo y yo.

Sábado 26

Tras una mañana ajetreadísima, y eso que madrugué mucho para poder llegar a tiempo, a la mayoría se nos hizo tarde así que retrasamos un poquillo la hora de quedada pero conseguimos llegar al aeropuerto de Malmo sin problemas. Allí varias personas que iban sin pasaporte tuvieron que ir a hablar con la policía para ver si iban a tener problemas o no. Al final y afortunadamente resultó que no. Cogimos el avión tras un buen rato de espera y varios controles para que tras un meneado vuelo, aterrizásemos en la capital de Hungría, Budapest. Luego un autobús, un metro, quince minutos andando y al final, llegamos al hostal (no el inicial ya que estaba rota la calefacción y nos mandarón a otro).

Como no podía ser de otra manera, la mujer del hostal nos advirtió que tendríamos que ser calladitos, que un grupo tan numero de españoles sólo podía traer problemas ya que somos unos animales (palabras textuales). Cenamos en un restaurante, que se convirtió rápidamente en una tradición ya que volvimos muchas veces. Como buenos españoles, esa noche salimos y tras un buen rato dando vueltas, al final unas amables chicas nos mandaron al bar Morrison, muy cerquita de la ópera, donde los chicos pagan 1000 Florines y las chicas 500 (luego pedirán igualdad… :)) La gente se fue yendo y al final nos quedamos Selim, Diana y yo, que cuando cerraron el bar confiaron en mi ciega orientación y los tuve andando una hora para después llegar al mismo sitio.

Bar en Budapest

Domingo 27

Amanecimos después de haber dormido muy pocas horas, tres o cuatro como mucho, pero bueno, si se está de vacaciones hay que saber trasnochar y madrugar al mismo tiempo, que si no el día no cunde. Empezamos en “información y turismo” donde parecía que había que arrancarles las palabras de la lengua, otra cosa no, pero los húngaros, parcos un buen rato. Nos pegamos todo el día pateando al mando de Paty, a la que a veces ayudaba a tirar del carro, porque como he dicho antes, mover a doce personas es ardua tarea hasta para el más valeroso y experimentado. Llovía y hacía mucho frío, pero seguíamos poco a poco, metro a metro, explorando la ciudad. Tras comer en un restaurante típico húngaro, comida más o menos decente algunos se retiraron a dormir un rato, pero otros cuantos seguimos recorriendo la ciudad. Atravesamos un puente donde un viento casi huracanado, traído por las frías aguas del Danubio, casi nos impide llegar a la otra parte donde subimos a lo alto de una colina y pudimos apreciar lo maravilloso que es Budapest de noche.

Cenamos en el mismo restaurante que el día anterior, la verdad es que aprovecho para recomendarlo, ya que está céntrico y es bastante barato para la buena calidad que tiene http://www.dobpizza.hu/. Luego casi todos se fueron a dormir pero Arturo, Selim y yo decidimos salir un ratillo a echar unas cervecitas y “sufrimos” lo que suele pasar en Budapest, la capital del sexo donde no paraban de ofrecernos clubs y hasta una señorita se acerco a ofrecernos “sex” a lo cual respondimos con un educado, “no thanks” (quien iba a pensar que rechazaría sexo alguna vez…)

Lunes 28

De nuevo madrugamos, medio muertos tras haber dormido sólo tres horas y volvimos a recorrer las calles de la ciudad. Visitamos un castillo y por la tarde fuimos a las termas. Algo que cualquiera que visite Budapest no debería perderse, me metí en agua a 16ºC (no es poco, creedme), a 38ºC, batí mi record en una sauna donde normalmente me suelo ahogar, en piscinas donde chorros circulares crean un circuito y nada a contracorriente se vuelve algo casi imposible…

Ya era demasiado salir, así que volvimos tras cenar en el McDonald’s (algo típico en los viajes que hago) volvimos al hostal, que había que dormir para al día siguiente coger un tren hacia Viena.

En el castillo de Budapest

Martes 29

Llegamos a Viena tras ser timados en la estación de tren, donde nos chulearons y nos sacarón más de lo que valía el billete según nos habían dicho el día anterior, pero bueno, había que llegar a Viena y lo pagamos. Sin embargo, Carlos y Toño no vinieron ya que no les merecía la pena pagar todo es dinero para estar menos de 14 horas.

Llegamos a la estación del Sur de Viena, que estaba muy cerquita del hotel donde dejamos todas las cosas y nos pusimos a recorrer la ciudad, como siempre a pata, para poder empaparnos más de la ciudad. Visitamos muchos monumentos, a la Ópera no nos dejaron entrar porque justo estaban con un cambio de espectáculo. A media tarde estabamos ya todos destrozados así que fuimos a la Universidad a echar unas cañitas y nos entonamos un poco jugando a diversos juegos de borrachos, por todos conocidos y el que debe recibir una mención especial es el “yo nunca” o como decíamos en inlgés, para ser un poco más internaciones “never have I ever”.

Fuimos a cenar al KFC (otra comida basura que poco a poco iba mellando nuestro estómago) y nos acercamos también a comprar cervecitas para continuar bebiendo en la habitación del hostal. Muchos cayeron pero Arturo, Maider y yo conseguimos seguir más allá y nos bajamos a la entrada del hostal para seguir con birritas en la mano hasta las 5 de la madrugada.

Miércoles 30

Nos levantamos y seguimos recorriendo Viena utilizando una guía que nos habían dado el día anterior en el “Tourist Information”. Fuimos a un mercadillo en la calle (mamá, te hubiese encantado). Probé unas cuantas frutas que jamás había visto, por lo general no me gustaron pero hubo una, llamada JackFrucht (mezcla de piña y mango) que me encantó.

Comimos unos bocadillos en los jardines de un palacio, primera vez que comíamos algo sano y realmente barato (menos de 2 euros por persona), es lo que tiene comprar en supermercado. Luego seguimos andando por la ciudad, descansamos tomando un café en un sitio muy acogedor, seguimos caminando y volvimos al hostal. Paty y yo nos fuimos a comprar pizzas para todos y cenamos en el bar del hostal, luego vacíamos la máquina de cervezas (unas cuarenta o así cayeron) y seguimos explotando juegos y juegos que hicieron que perdiésemos la noción del tiempo…

Jueves 31

Ya sólo quedábamos 8 de los que empezamos el viaje porque ese día Paty, Santi, Ana y Selim se volvían a Copenhague. Así que los pocos que quedábamos nos levantamos una hora más tarde que ellos, nos pusimos rápidamente en marcha y cogimos un tren rumbo a Bratislava.

Llegamos sobre el medio día a un país totalmente desconocido para nosotros, nos costó hacernos entender con gente tan seca que cuesta que te den la mínima información, tuvimos que comprar tickets de tranvía haciendo uso del lenguaje universal (gestos, no besos) y llegamos al hostal (El Patio). Un hostal bastante céntrico y muy bien cuidado. Nos pusieron en una habitación de 12 a los 8 y teníamos una invitada, una mujer de unos 30 y pico que el propio recepcionista reconoció que estaba loca, como minutos antes habíamos podido comprobar Maria Boisán y yo cuando al cruzarse con nosotros en la calle empezó a decir cosas raras y mirarnos con una mirada entre odio y desconocimiento.

Salimos a comer y aunque pensábamos hacerlo en el súper, decidimos que teníamos ganas de algo caliente y nos metimos a comer a un kebab. Después pateamos la ciudad, afortunadamente, Bratislava es muy pequeñita, o por lo menos el centro que es lo que suele interesar a los turistas así que tras ver el castillo y diversos edificios emblemáticos, decidimos que era buena hora para volver al hostal. Nos quedaban 40 euros de bote y surgió la idea (creo que fue Arturo el artífice de la misma), de jugarnos todo al rojo, típica expresión que se suele hacer y casualmente nos encontrábamos a 2 minutos de un casino. Muchos fuimos desvirgados (lúdicamente hablando) al entrar en el casino, donde tuvieron que hacernos ficha, tomarnos foto y dejar los abrigos. Íbamos perdidísimos por el pequeño casino, donde nos dijeron que si era moneda local se podía cambiar en la mesa así que tras cambiar las 1300 coronas, Isa, colocó todas las fichas marrones en el rojo, el chino jugaba con fichas multicolor así que deduzco que no jugaría con menos de cifras. La ruleta empezó a girar, había tensión en el ambiente, la bollita dejo de rodar por el lateral y empezó a traquetear saltando de número en número y al final decidió pararse, 33 negro.

Como ya no había dinero fuimos al supermercado a comprar unas pizzas y unos perritos, todos sabíamos que aunque nos jugásemos el dinero de la cena, si perdíamos nadie iba a resistirse a cenar, así que volvimos al hostal, cocinamos, cenamos, echamos unas birritas (yo me quedé dormido en el intento) y nos metimos a la cama.

Viernes 1

Nos levantamos tras haber dormido más de 8 horas por pimera vez en el viaje. Perdimos el tranvía de las 9.29 con lo cual también el tren que salía de la estación a las 9.40. Perdimos un par de horas en la estación tomando un café y unas galletas con las pocas coronas que teníamos (habían sobrado de la fianza) y a las 11.45 cogimos el tren de vuelta a Budapest.

En el tren me dormí, y es que digan lo que digan la gallegiña es medio meiga y cuando te sientas a su lado un aura de seguridad y somnolencia te invade… Llegamos a Budapest, ya no como turistas perdidos, si no que conociendo la ciudad no requeríamos de plano para llegar al hostal de las pasadas noches. Llegamos tras media hora caminando, dejamos las cosas y nos fuimos a comer, ¿donde? pues al restaurante de siempre, como no podía ser de otra manera.

Por la tarde, debatimos entre termas y dar vueltas por la ciudad, ganó la segunda opción y vimos que Budapest no es tan triste como la imagen que nos había dejado aquel domingo lluvioso. Cenamos en el McDonadl’s y volvimos para casa para prepararnos para salir. Me disfracé de pijo de Madrid con la ropa de Arturo, que no es que el lo sea, pero a mí me queda de pijo, que le vamos a hacer.

Fuimos al mimos bar, que se le va a hacer si somos de costumbres fijas, gasté otra vez más de lo esperado, bailamos música pachanguera de la que en España se oía hace cinco o seis años, conocimos gente y a las 6 llegamos al hostal, como no, borrachos pero en silencio, que cuando hay que comportarse sabemos hacerlo.

Sábado 2

Nos levantamos con algo de prisa, fuimos a la ducha uno a uno ya que dos de las tres duchas no tenían agua caliente, recogimos todo, nos despedimos del hostal y nos piramos.

10 minutos andando, un metro, un autobús, una hora de espera en el aeropuerto, otro bus hasta el avión (20 metros), 1 hora y pico de avión, otro autobús hasta la estación de Malmo, otro tren, un tren desde Kobenhavn H hasta Virum, 20 minutos andando y por fin, en casa.

5 comentarios to “Viaje al centro de Europa”

  1. CrIs... Says:

    UoAAALAAA cuantaaas cosas haceis…qgenial…mennncanta!!=)=) si te soi sincera es la primera vez q leo el flog x eso te iamo…esq estoi muuuui atareada estudiando..=)=) aaammm i i ate contare de notas….TIO NO HABLMOS DESDE QUE TE FUISTEEEE…me parece fatal…io mñn acbo exmenes..ia me pondre en contacto contiiigooo!!!! SABES QUE SUPEEER FU??me voi a acer un pndiente en la nariz..l mami lo sbe..i aier icimos pruebas de dond m kdaria mjor i tal…q xaxi piruliiii….
    solo un besiiiito enormeeee y.. ¿tu de pij madRiLEño??JA! =)=) muaaaa i reqtemuaaa

  2. carlosbro Says:

    No pues que aventuras tan chocolocas , se nota que eres un europeo desocupado y vago como todos los españoles…. a trabajar vago perezoso……

  3. seprona Says:

    patada en la boca al calabroso este

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